Leo era el león líder de su manada, ya que había ganado esa distinción por su enorme melena. Se sentía orgulloso de ella, completamente rojiza, como las hojas secas en otoño bajo el árbol, y larga que casi le hacía caricias a la tierra.
Una mañana, Leo, se levantó sintiéndose algo diferente, pero no supo con certeza, qué sentía.
Su rutina comenzó igual que todos los días, con una larga caminata que lo llevaba hasta el estanque. Allí se lavaba la cara con delicadeza, y remojaba por algunos minutos sus largos bigotes.
En el camino hasta el estanque sintió el peso de ojos que lo observan, ocultos entre los árboles, pero no le dio importancia, ya que él era el rey de la selva, y todos los animales lo respetaban.
Cuando asomó su cara en aquel espejo de agua, pudo ver su reflejo, en ese momento sus ojos se abrieron más de lo normal, se quedó paralizado.
No podía creerlo, su melena ya no estaba. ¿Qué pasó? Se preguntó apurado, y corrió a toda prisa hasta su cueva, tapando su cabeza pelada con sus enormes patas.
Ya dentro de la cueva, llamó a todas las leonas de la manada. ¿Quiero saber, si alguna de ustedes ha visto mi melena? Preguntó, Leo, oculto entre las sombras, lleno de vergüenza al verse así.
Ante la pregunta, todas las leonas respondieron al mismo tiempo, ¡No!
Que ninguna de ellas sabía nada de su melena, mientras intentaban no reírse al verlo tan indefenso.
Triste y sin saber qué hacer, Leo, decidió salir a buscarla.
Al llegar la noche, se puso una camisa floreada, y un sombrero enorme que cubría toda su cabeza, y sin que nadie lo viera, se marchó en busca de su melena.
El sol lo encontró caminando, hasta que se cruzó con una cebra a quien le preguntó.
_ Buenos días, Señora cebra. ¿Por casualidad usted ha visto una melena?
_ Una melena ¡No! ¿Quién perdió su melena? _ Preguntó la cebra. _ Y, Leo, tapando apenas su boca le respondió con una voz diferente, Leo, el león, y siguió su camino.
Más adelante se encontró con un jabalí, a quien le preguntó lo mismo.
Señor jabalí, ¿por casualidad ha visto una melena? Al igual que la cebra, el jabalí le respondió que no.
Leo, siguió caminando, la ilusión de encontrar su melena de apoco desaparecía, hasta que al cruzar por un pastizal se chocó con un puerco espín, que enojado le dijo:
_ Por qué no te fijas dónde caminas.
_ Disculpe Señor puerco espín. _ No lo vi dijo, Leo. Es que estoy buscando una melena.
El puerco espín soltó una carcajada, una melena murmuró, no creo que la encuentres por aquí, y siguió caminando mientras reía.
Cansado de caminar, frustrado por no encontrar su melena, Leo, se sentó en una piedra en soledad, añorando el recuerdo de su amada melena. Recordaba el día cuando comenzó a crecer, en ese entonces, él apenas era un cachorro.
Hoy sentado en la piedra, sólo le queda el recuerdo. Fue allí que, Leo, se entregó al llanto.
En el estanque se juntaron a tomar agua, la cebra, el jabalí y el puerco espín.
Mientras conversan, la cebra comentó algo.
Ayer en la mañana, me crucé con un animal vestido de forma extraña, con una camisa floreada y un enorme sombrero, me preguntó si había visto una melena. El puerco espín y el jabalí dijeron al mismo tiempo, que también habían visto al animal, y que a ellos les preguntó lo mismo, sobre una melena perdida.
Entonces la cebra dijo, yo creo que ese misterioso animal es, Leo, el león, y la melena que busca es la suya.
El jabalí exclamó ¡Pobre, si es, Leo, se debe sentir muy triste!
Tengo una idea dijo el puerco espín, y se sacó treinta de sus espinas. Al verlo la cebra preguntó, ¿cual es la idea?, mientras el jabalí mira asombrado.
Le vamos a fabricar una melena nueva. Entonces, en ese momento la cebra se quitó cuatro mechones de sus clinas, y el jabalí dos mechones de su cola, y con todo aquello hicieron una melena hermosa y única.
Los tres fueron hasta la piedra donde se encontraba, Leo, que al verlos pensó, estoy seguro que se vienen a burlar de mí.
La cebra fue la primera en hablar. Hola, Leo, te hemos traído algo, que pensamos que te hace falta.
Esta melena es para ti, la fabricamos entre los tres.
Leo, pudo sentir como la luz volvía a sus ojos, y sin perder tiempo se la acomodó sobre su cabeza.
Con lágrimas, pero de felicidad, les dio las gracias, y les dijo, ya no me siento triste.
Así con su nueva melena, Leo, y sus tres nuevos amigos se alejaron caminando juntos, por el camino de la vida que lleva a la selva.
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viernes, 30 de diciembre de 2016
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Lola la mulita, viaja hasta su origen
Una mañana, Lola la mulita despertó dentro de su cueva con una pregunta que la hace cosquillas, dentro de su pequeña cabeza.
¿De dónde provengo? Se preguntó a si misma.
Es que hace mucho tiempo que no veo a otra de mi especie, se siente extraña la soledad.
Quiero entender, ¿cómo llegué a esta tierra? ¿Por qué estoy sola?
Así que voy a recorrer el campo, y les preguntaré a los animales que encuentre en el camino, tal vez consiga una respuesta.
De esta manera, Lola salió sin tener rumbo, y sin conocer un destino que logre ayudarla a saber por dónde ir.
¿De dónde provengo? Se preguntó a si misma.
Es que hace mucho tiempo que no veo a otra de mi especie, se siente extraña la soledad.
Quiero entender, ¿cómo llegué a esta tierra? ¿Por qué estoy sola?
Así que voy a recorrer el campo, y les preguntaré a los animales que encuentre en el camino, tal vez consiga una respuesta.
De esta manera, Lola salió sin tener rumbo, y sin conocer un destino que logre ayudarla a saber por dónde ir.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
Celeste, la moñita que soñaba ir a la escuela
El día primero de enero marcaba la llegada de un nuevo año, y en casa de la familia Marques, este año traía además, un nuevo ciclo escolar para la hija más chica.
Cristina, con sus seis años cumplidos, daba vueltas por la casa con su mochila de Bob esponja, colgada de su espalda.
Su madre al verla y sin querer quitarle la ilusión le dijo. Hija faltan algunos meses aún para la escuela, las clases comienzan en los primeros días de marzo.
Tienes que subir y cambiarte Cristina, tu padre ya puso las valijas en el auto, sabes bien que nos vamos de vacaciones, cuando regresemos tendrás tiempo para aprontar tu mochila.
Cristina, con sus seis años cumplidos, daba vueltas por la casa con su mochila de Bob esponja, colgada de su espalda.
Su madre al verla y sin querer quitarle la ilusión le dijo. Hija faltan algunos meses aún para la escuela, las clases comienzan en los primeros días de marzo.
Tienes que subir y cambiarte Cristina, tu padre ya puso las valijas en el auto, sabes bien que nos vamos de vacaciones, cuando regresemos tendrás tiempo para aprontar tu mochila.
jueves, 17 de noviembre de 2016
El carrusel mágico
Una nueva primavera asomó por el mes de setiembre, floreciendo en la granja y en el establo, donde convivían una gran cantidad de animales.
Pero este año era algo diferente, cuatro yeguas que dormían allí, esperaban sus crías. Los sonidos de relinchos se mezclaban en el aire, sobrepasando el cacareo de las gallinas, y el mugir de una vaca.
Durante esa mañana, tres de las cuatro yeguas ya habían tenido sus crías, faltaba una, la más vieja de todos los animales de la granja.
Aquella yegua blanca hacía muchos años que no lograba tener un potrillo, su dueño Luis la consideraba su mimosa. Ese, fue precisamente el nombre que le puso aquel día, cuando la compró siendo apenas una potranca de meses.
Al llegar la noche, el silencio se sentó en el establo, solo lo interrumpió el resoplo entrecortado de Mimosa, que hacía fuerzas por tener su cría.
Pero este año era algo diferente, cuatro yeguas que dormían allí, esperaban sus crías. Los sonidos de relinchos se mezclaban en el aire, sobrepasando el cacareo de las gallinas, y el mugir de una vaca.
Durante esa mañana, tres de las cuatro yeguas ya habían tenido sus crías, faltaba una, la más vieja de todos los animales de la granja.
Aquella yegua blanca hacía muchos años que no lograba tener un potrillo, su dueño Luis la consideraba su mimosa. Ese, fue precisamente el nombre que le puso aquel día, cuando la compró siendo apenas una potranca de meses.
Al llegar la noche, el silencio se sentó en el establo, solo lo interrumpió el resoplo entrecortado de Mimosa, que hacía fuerzas por tener su cría.
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Lupe la hormiguita y el San Antonio
En el centro de un viejo jardín, se erguía firme un enorme hormiguero, y en él vivía Lupe, una pequeña hormiga entre cientos de iguales.
Pero además del hormiguero, en aquel jardín también descansaban docenas de árboles frutales, flores de incontables colores y una gran cantidad de panaderos que anhelaban volar.
Cada mañana cuando el sol despertaba, las hormigas salían a buscar su comida en los alrededores, y al rato y sin perder tiempo, largas caravanas de alimento llegaban al hormiguero. En su fondo, donde está más fresco, se almacenan las hojas y semillas para luego hacer germinar en ellas dulces hongos, que serán el sustento cuando llegue el invierno.
Pero a Lupe no le gustaba recoger hojas y semillas, ella no quería trabajar como las otras hormigas, prefería oler las flores, sentir el aire en su cuerpo, y desde que tuvo uso de razón, Lupe soñaba con poder volar.
Pero además del hormiguero, en aquel jardín también descansaban docenas de árboles frutales, flores de incontables colores y una gran cantidad de panaderos que anhelaban volar.
Cada mañana cuando el sol despertaba, las hormigas salían a buscar su comida en los alrededores, y al rato y sin perder tiempo, largas caravanas de alimento llegaban al hormiguero. En su fondo, donde está más fresco, se almacenan las hojas y semillas para luego hacer germinar en ellas dulces hongos, que serán el sustento cuando llegue el invierno.
Pero a Lupe no le gustaba recoger hojas y semillas, ella no quería trabajar como las otras hormigas, prefería oler las flores, sentir el aire en su cuerpo, y desde que tuvo uso de razón, Lupe soñaba con poder volar.
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